Pobreza y Educación: la situación de la población en edad escolar

La educación como derecho humano fundamental y bien público, debe ser garantizada para todas las personas sin distinción alguna.
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La educación como derecho humano fundamental y bien público, debe ser garantizada para todas las personas sin distinción alguna; y, la educación, a su vez, debe ser habilitante para el goce de otros derechos, mejorando la calidad de vida de las personas.

Pero cuando hablamos de educación no podemos pensar solo en garantizar un mayor acceso a la misma, sino que existen otros factores no ligados directamente con la educación que la condicionan. Y uno de estos factores es la condición económica en la que se encuentran las familias en nuestro país, situación que afecta al goce pleno del derecho a la educación de sus hijos e hijas.

En Paraguay, para medir la pobreza y la intensidad de la misma se utiliza la dimensión monetaria de la pobreza, empleando el método de la línea de pobreza[1] (DGEEC, 2019). Sin embargo es importante reconocer que esta noción de pobreza, medida solamente por el ingreso, ha sido criticada por su simplicidad, planteando de esa manera el concepto de la multidimensionalidad de la pobreza, es decir, “para una familia, una persona o un niño, la pobreza no termina cuando sus ingresos cruzan y se sitúan por encima de la línea oficial que define el nivel de pobreza expresada en términos monetarios. Las vulnerabilidades y privaciones pueden seguir presentes aun cuando hayan aumentado su nivel de ingresos” (citado por Bruno, S., Osorio, A., UNICEF, 2015, p. 7).

Por ello, la pobreza de un núcleo familiar, en el cual están insertos los niños, niñas y adolescentes (NNA) no se puede comprender únicamente por la falta o no de ingresos, sino que va más allá e implica otras vulneraciones o privaciones que están en su día a día y que privan mejorar su calidad de vida. En este artículo queremos contextualizar sobre la condición de pobreza en la que se encuentran los NNA en edad escolar y cómo ello podría reproducir o aumentar las inequidades, como el disfrute de la educación, porque en definitiva la pobreza afecta a unas personas más que otras, influyendo en sus posibilidades de gozar de ese derecho.  

Según la Encuesta Permanente de Hogares-EPH (2019) del total de 7.047.142 personas, 1.657.131 personas se encuentran en situación de pobreza; 284.028 (4%) en pobreza extrema y 1.373.103 (19%) en pobreza no extrema. 

Al analizar con mayor detalle la población en situación de pobreza (ya sea extrema o no extrema) según los rangos de edades, en el gráfico 1 se puede observar que casi la mitad de las personas, es decir el 49,0% o 811.242 personas, son niños, niñas y jóvenes de 0 a 17 años. Estos datos sugieren que uno de cada dos personas en situación de pobreza es un menor de 18 años.

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Si analizamos la condición de pobreza según género, en la población en edad escolar, no existe una marcada diferencia entre mujeres (34,8%) y para varones (37,5%), representando de esta manera que la vulnerabilidad es similar según sexo.  

Al considerar la zona de residencia, la condición de pobreza es bastante homogénea a lo largo de los ciclos de vida tanto para las que viven en zona urbana (35,8%) como rural (36,2%). La pobreza hoy ya no solo se caracteriza por afectar a una población que vive en zonas rurales, sino que se evidencia que la misma está afectando cada vez más a toda la población en edad escolar, independientemente del lugar donde habita. 

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Otro elemento de importante análisis refiere al idioma que más se habla en el hogar, donde se visualiza que de aquellos NNA que hablan exclusivamente el guaraní, 60,4% se encuentran en situación de pobreza. 

La enseñanza en guaraní es un tema que no puede soslayarse en la educación paraguaya, sin dejar de lado que nuestro país es pluricultural y multilingüe y existen otras lenguas y culturas que deben ser respetadas. A pesar de los esfuerzos, la mayoría de los niños guaraní-hablantes debe enfrentar el proceso de alfabetización en español. Esto genera una situación de inequidad desde el inicio de su vida escolar y dificultades en su escolarización, hecho que se traduce en bajos rendimientos académicos.

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Continuando con los datos de la EPH 2019, en Paraguay 13,7% de las mujeres y 12,5% de los hombres en situación de pobreza, son analfabetos (Tabla 1). Sin embargo, una cantidad significativa de mujeres y hombres, en condición de no pobreza, también se encuentran sumidos en el analfabetismo, cuyas cifras alcanzan 5,8% y 4,8%, respectivamente. Esto evidencia que el saber leer y escribir es una condición necesaria para la educación y que esta condición básica debería posibilitar un mejor acceso a condiciones dignas de trabajo. Para la población pobre hay una doble discriminación, ser pobre y analfabeta. 

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Analfabetismo y pobreza tiene una mayor incidencia en las zonas rurales, representando para este último al 15,0% frente al 10.9% de la zona urbana. Estos datos simplemente siguen poniendo en evidencia una situación de mayor vulneración: ser pobre, ser analfabeta y vivir en zona rural. 

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Esta breve descripción de la población en edad escolar en situación de pobreza vislumbró superficialmente las diferencias entre grupos y da cuenta de la profunda problemática de nuestro país. La mitad de las personas pobres tienen menos de 18 años (49%). Estas desagregaciones demuestran que las circunstancias son distintas de acuerdo con diversos factores y deben ser abordadas considerando las particularidades. 

Toda reforma de la educación debe considerar que la mitad de sus alumnos no cubren sus necesidades básicas como alimentación y salud y por ello no basta solo con mejorar la educación. No solo es pobreza, hay dimensiones como la ruralidad y el idioma materno que pueden ser tan o más importantes para mejorar el rendimiento que otras cuestiones. La formulación e implementación de políticas públicas deben basarse en evidencia, deben considerar que la pobreza no puede ser entendida como algo aislado, sino como algo que da cuenta de grandes privaciones en las condiciones de vida. 

[1] Este método consiste en establecer a partir del ingreso de los hogares (medida de bienestar), si los mismos tienen la capacidad de satisfacer un conjunto de necesidades alimentarias y no alimentarias consideradas esenciales (Canasta Básica Alimentaria y Canasta Básica de Consumo).


Artículo elaborado por Andrea M. Wehrle Martínez para el Observatorio Educativo Ciudadano (Noviembre, 2020)

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Bibliografía

  • Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC). (2019). Encuesta Permanente de Hogares (EPH) 2020. Fernando de la Mora.
  • UNICEF; Sebastian, Bruno; Andrés, Osorio. (2015). La pobreza infantil multidimensional en Paraguay. Asunción.

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